Soledad, bendita seas
Actualizado: 10 oct

“Soledad
Aquí están mis credenciales
Vengo llamando a tu puerta, desde hace un tiempo
Creo que pasaremos juntos temporales
Propongo que tú y yo nos vayamos conociendo
Aquí estoy
Te traigo mis cicatrices
Palabras sobre papel pentagramado
No te fijes mucho en lo que dicen
Me encontrarás en cada cosa que he callado”.
Palabras del Gran Jorge Drexler.
Estar bien solos es muy nutritivo y sanador. Nutre nuestra alma, sana nuestro corazón. Nos llena el tanque del amor propio. Nos enfrenta al miedo a estar solos, al miedo a quedarnos afuera, grandes miedos del ser humano, que típicamente tapamos con “nicotina social”.
¿Cuánto disfrutas de estar con vos? ¿Cuánto te disfrutas a vos mismo?
Y no me refiero únicamente a estar físicamente solos, sino también hacer cosas solos que normalmente haríamos con otros, como salir a comer, ir al cine, o hasta salir a bailar.
Esto último puede generar incomodidad e inseguridad, al sentirnos juzgados por quienes precisamente no están “solos”, pero cuando logramos conquistarnos a nosotros mismos en estas circunstancias resulta muy reconfortante. Es una sensación de auto confirmación, de plantarnos como personales individuales. También nos hará muy conscientes y permeables a percibir cómo nos sentimos, y muy probablemente evidenciará trabajo interno por hacer (me gustaría pensar que uno no debería sentirse mal o inseguro por estar solo).
Creo que el peor escenario es pasar tiempo con otros por no poder estar bien con nosotros mismos. Decir que sí, por no saber decir que no, socava nuestra autoestima. Si no estamos solos porque no toleramos la soledad casi cualquier encuentro con otros nos elevará la vara.
Creo entonces que hay un doble desafío. Por un lado, pelear contra nuestros demonios (inseguridades, heridas, dolores, miedos, entre otros) y desarrollar nuestra capacidad para estar o hacer cosas en soledad. Y, por el otro, una vez que aumente considerablemente el disfrute de nosotros mismos y nuestra soledad, buscar encuentros que estén por encima de ello. Si logramos disfrutar nuestra soledad, lógicamente no elegiremos un encuentro con otros que no traiga consigo un disfrute similar. Entonces, en ese caso, vamos a preferir estar solos. Bienvenido sea. Estaremos mejor.
Por otro lado, tener relaciones que realmente nos nutran y nos hagan bien será también un desafío. Pero el resultado no puede ser mejor. La pasaremos muy bien con nosotros mismos, e igual o mejor con la gente con la que elegimos compartir nuestra vida.
Soledad, aquí están mis credenciales. Soledad, bendita seas.



