Londres, qué te debo?

Enamorado de Londres
Enamorado de mi vida en Londres
Enamorado de mí en Londres
Enamorado en Londres
Enamorado
GRACIAS TOTALES
Estoy tan agradecido a la vida que no me queda mayor opción, antes que nada, que agradecer la gratitud misma.
Digo, ¿qué sería de mi vida si no tuviera la capacidad para valorarla y agradecer?
Sencillamente, mi vida sería otra. Porque la misma vida puede ser bien distinta si una es vivida desde la gratitud y otra desde la ingratitud.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Con solo escribir esto mis ojos toman sabor. Con solo poder percibir el privilegio de tener la vida que quiero y, mejor aún, poder saborearlo con cuerpo y alma.
Vuelvo, una vez más, a una pregunta que pareciera estar destinada a quedar abierta:
¿qué hice para recibir tanto?
Madre Vida, decime qué te debo.
Quizás, por empezar, le debo a mi Madre la Vida.
REGISTROS.
Anotaciones que registran emociones.
Domingo 5pm en Chelsea. El Thames camina al lado mío. El sol de Londres, que muy generoso ha sido conmigo desde que pisé la isla, se muestra sin temor ni timidez. El mate amargo siempre acompaña los momentos más sabrosos y dulces de mi vida. Cebando, paso a paso. Suenan mis hermanos, los Gutiérrez (si no los escuchaste aún, no sé qué esperas). La sonrisa que tengo en la cara es una ínfima porción de la sonrisa infinita de mi alma. Sonreír genuina y espontáneamente sólo por gratitud es una sensación tan noble de amor propio. Una sonrisa que sintetiza en una expresión una satisfacción muy, muy grande con la vida que tengo. La inmensa satisfacción de tener la vida que quiero tener, y la inmensa satisfacción de poder percibirlo, atravesarlo, sentirlo, y así agradecerlo. Y que, además, mi cuerpo no se lo reserve y lo exprese a través de una sonrisa. Armonía interna en su máxima expresión.
A mis padres les digo, Viejos, soy un hombre muy feliz. Si alguna vez su deseo como padres fue que sus hijos fueran felices, el deseo para conmigo está más que satisfecho. Estoy infinitamente agradecido de quién soy y de todo lo que hice en mi vida.
Y no tengo más que impaciencia por seguir viviendo esta vida tan jugosa, con sabores siempre distintos que no dejan más que sonrisas del alma.
La puta madre, qué linda que es la vida. Qué linda que es cuando se vive sin reservas, sin dejar nada sobre la mesa.
Quisiera ser inmortal para que la mía sea infinita.



